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martes, 2 de febrero de 2010

Paco Camarasa: «El ‘boom’ no es Larsson, es el género negro»

Las estrellas de la novela negra se reúnen con sus lectores en Barcelona por sexto año consecutivo, bajo el paraguas del Institut de Cultura de la ciudad.

ERNEST ALÓS
Paco Camarasa. Foto: JOAN PUIGCamarasa (Valencia, 1950) llegó a Barcelona en 1988. Las bombas que el Grupo Incontrolado Patriótico le puso en su librería Pablo Neruda «en los años duros» (fue también presidente del gremio de libreros de Valencia) no le hicieron cambiar de ciudad. «Fue cuestión de amor», confiesa. Siguió a Montse Claver, la fundadora de la librería Negra i Criminal, que regentan en la calle de la Sal de la Barceloneta. Su librería es de las más conocidas y menos visitadas de la ciudad.

–BCNegra es una semana, pero procura evitar este nombre.
–La semana es la de Gijón, desde hace 22 años. Y BCNegra empieza a ser más de una semana.

–Allí hay más presencia en la calle. ¿Lo echa en falta?
–Nosotros somos más un festival literario al estilo de los franceses. BCNegra tiene más presencia de la iniciativa privada. Sirve para difundir a nuevos autores, para que los lectores refrenden el entusiasmo por los autores que ya han hecho suyos a través de la lectura, para que las librerías vendan más género negro...

–Festival literario. ¿Es aún necesario proclamar la dignidad del género?
–Al crear BCNegra queríamos demostrar el nivel de calidad de los autores del género y que había un público escondido que podía salir del armario.

–Misión cumplida, ¿verdad?
–Sobre todo porque lo dice el señor Nielsen, el más influyente en las cúpulas editoriales.

–Para el lego en el sector, el señor Nielsen es...
–Un índice de ventas reales, semana a semana, en una muestra de librerías. Y dice que en el 2009 el género que más ha vendido es el negro.

–Y que el libro más vendido, y el segundo, y el tercero, son de Stieg Larsson.
–Pero el boom no es solo de Larsson, es del género. Hace 15 años serían impensables las 27 ediciones de Camilla Läckberg, los 100.000 ejemplares del primer libro de Asa Larsson...

–¿Cómo se explica el fenómeno de Stieg Larsson?
–Son libros de lectura fácil pero de temas difíciles. Era un militante de izquierdas que denunciaba la violencia de género, el capitalismo especulativo, e incluso un cierto tipo de periodismo cómplice de un cierto capitalismo. Denunciaba una cierta modernidad sin criterio. Como librero, no como crítico, mi explicación es que Larsson era más periodista y militante que intelectual, escribía desde el estómago. Por eso conecta más con los lectores que con los críticas o sus colegas.

–¿Y esos colegas atraen también hoy a más lectores por...?
–Porque el género negro entretiene, las formas de narrar hacen que haya posibilidad de engancharse, trata de temas que nos preocupan mucho, de realidades a las que el periodismo, y otras formas narrativas, no pueden llegar. El periodismo hace un trabajo excelente sobre el narcotráfico, sobre crímenes como los de Ciudad Juárez, sobre las mafias, pero tiene obligaciones legales y limitaciones de espacio que la ficción puede soslayar. Mira lo que ha sucedido con Petra Reski: los abogados de la mafia son mejores que los de las empresas periodísticas y ella ha tenido que tachar en negro los nombres de mafiosos que salían citados en sumarios de la justicia italiana. Finalmente, en un mundo en crisis el género negro aporta preguntas. Y una cosa que nos gusta. A veces, a menudo, ganan los buenos. Una cosa que en la realidad no sucede.

–Esta semana, Asa Larsson ha desplazado en las listas a Dan Brown.
–Era un libro esperado. La gente, en el acto solitario del leer, quiere tener la compañía de un personaje. El personaje es básico en este género. Necesitamos amigos de papel, compañeros de viaje, esperar una cita con ellos.

–Para los nuevos en el género que han llegado a través de Larsson, les recomendaría seguir por...
El poder del perro, de Don Winslow, la serie de Bernie Gunther, de Phillip Kerr, y el islandés Arnaldur Indridason. Serían tres apuestas seguras.

–¿Toca cambiar de paisaje? ¿O tenemos frío escandinavo para rato?
–Hay muchos autores suecos porque hay muchos lectores suecos. Y porque nos descubren un país que para nosotros tiene un punto exótico. La gente pide ese exotismo, hacer un viaje a través de la novela negra. Ahora creo que México ha de dar aún un boom, es fascinante. En Cuba ha de venir una generación después de Padura. Y sigo creyendo que ha de llegar más novela mediterránea.

–Este año han traído poca.
–Porque en los últimos seis meses casi no se ha traducido. Deberíamos prestar más atención al polar francés, tiene muy buenos narradores.

–Este año le dan el premio Carvalho a Ian Rankin. ¿Para protestar porque haya jubilado al inspector Rebus?
–Sí, le pediremos que invente algo y nos deje a Rebus. Pero también se lo damos porque combina dos cuestiones: Rebus es un perro de presa que batalla en pos de la verdad como Carvalho y porque el cómplice de John Rebus es una ciudad, Edimburgo, como Barcelona lo era de Carvalho.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Más de 100 personalidades lationamericanas eligen a los 10 personajes más influyentes de su historia contemporánea

Escribir ayuda a pensar mejor, con mayor claridad, y aumenta la necesidad de comunicar. Ésa podría ser la idea que sustenta el Premio Internacional de Ensayo Isabel Polanco que en su primera edición recayó en el historiador cubano Rafael Rojas (Santa Clara, Cuba, 1965) por la obra Repúblicas de aire. Utopía y desencanto en la Revolución de Hispanoamérica. El acto de entrega se realizará mañana en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), impulsora de este galardón junto con la Fundación Santillana. La FIL se inaugura hoy y se prolonga hasta el 6 de diciembre en la ciudad mexicana.
El título del libro de Rojas se refiere a una frase de Simón Bolívar, mientras se debatía entre la empresa utópica en la que se había embarcado, la elaboración de unas constituciones casi perfectas y la realidad de unos países que difícilmente respondían a ellas: "Estamos construyendo repúblicas aéreas, repúblicas de aire". El libro retrata ocho relevantes figuras del "momento republicano", como dice su autor, entre 1810 y 1830. Estos personajes son los venezolanos Simón Bolívar y Andrés Bello, el peruano Manuel Lorenzo de Vidaurre, el ecuatoriano Vicente Rocafuerte, los mexicanos Lorenzo de Zavala y fray Servando Teresa de Mier, y los cubanos José María Heredia y Félix Varela.
El Premio Isabel Polanco, dotado con 100.000 dólares y una escultura de Martín Chirino, se instituyó en memoria de la consejera delegada del Grupo Santillana e hija del fundador del Grupo Prisa, fallecida en 2008.

viernes, 27 de noviembre de 2009

CRÍTICA: DIOSES Y MONSTRUOS Bunker, esa luminosa negrura

El autor de No hay bestia tan feroz es un potente narrador de enigmas y un singular retratista del mal. Su fascinante novela -que se asemeja a las confesiones de James Ellroy y Jean Genet- permite masticar su violencia, entender su soledad y compadecer su vértigo


Quiero pensar que la novela negra nunca ha dejado de estar de moda, que la inquebrantable afición de Juan Carlos Onetti a leer exclusivamente desde el acogedor territorio de su cama novelas protagonizadas por maderos y hampones la comparte mucha gente y constituye una buena forma de distraer o endulzar la existencia, que la capacidad de enganche de un género cuyas señas de identidad son el misterio, la acción, la violencia, el riesgo, y la ambigüedad moral permanece en cualquier generación y en todas las épocas, que las esencias de la negritud nunca se prestarán al esnobismo, a los que se toman como una obligación cultural o social leer en cada momento lo que conviene leer.
Es probable que el comprensiblemente adictivo fenómeno que ha supuesto el Millennium de Stieg Larsson, ese escritor tan listo y productivo que nunca pudo disfrutar de la gloria y el dinero que generaría su invento, haya animado la fenicia resurrección en las editoriales de cualquier novela con esforzada etiqueta de negritud y la oportunista reedición de los clásicos, pero a los drogotas de este género nos da igual que las razones de esta sobredosis obedezcan más al negocio que al amor. Lo único que nos importa es que haya mucho material para elegir. Puede resultar abusivo que debido a la hipnosis masiva que ha provocado la inquietante y solitaria Lisbeth Salander o el afecto que genera el muy racional, honrado, melancólico y profesional policía Kurt Wallander, y la brumosa o helada geografía que les ha parido, las librerías se sobrecarguen con todo tipo de detectives y psicópatas nórdicos, inevitablemente avalados por algún deslumbrado comentario sobre su obra de Larsson o de Mankell, pero en mi caso no tengo el menor sentido de culpa en abandonar a las cincuenta páginas una novela si ésta me aburre, la recomiende dios o el diablo. Pero es seguro que en medio de tanto énfasis promocionando mediocridades con aroma escandinavo aparezca un creador al que merezca seguirle la pista, un potente narrador de enigmas, un singular retratista del mal.
Cada habitante de esta tribu irrenunciablemente abducida por el género negro tiene filias y fobias. En mi caso, he intentado en vano que se me contagiara la pasión hacia Sue Grafton y Donna Leon. Estuve a punto de tirar la toalla ante un par de tan originales como decepcionantes novelas de Fred Vargas, pero finalmente me enamoré de su retorcido y tenebroso mundo cuando leí la magistral La tercera virgen. Le tengo simpatía al resistente Harry Bosch, pero nunca me ha deslumbrado la prosa de su creador, el mayoritariamente venerado Michael Connelly. Y aunque suene a blasfemia, llevo media vida intentando averiguar con nulo éxito dónde radica el encanto de Elmore Leonard, escritor tan reverenciado por sus colegas literarios como por los directores más prestigiosos del cine norteamericano. Admito que dialoga con un estilo ingenioso y peculiar, que maneja con estilo la ironía, que su expresividad roza lo conceptual, que abomina del sentimentalismo y de los tópicos, que tiene una mordaz y notable personalidad. Pero sus tramas y sus personajes siempre me dejan molesto regusto a parodia y esperpento, me cuesta seguirle, jamás me ha transmitido algo parecido a la emoción, a sentir el menor interés por la suerte de sus generalizados villanos, ejerzan de defensores o de transgresores de la ley. Pero sigo picando el cebo con cada nueva entrega, aunque siempre desfallezca ante ella, no la termine o la olvide rápidamente. Me ha vuelto a ocurrir con El día de Hitler, con los pintorescos nazis camuflados en Estados Unidos y con sus perseverantes cazadores.
Reservo todo mi amor para la impresionante escritura de John Connolly, aunque desde El camino blanco esté en baja forma, y para el genial James Ellroy, temible cronista del lado permanentemente oscuro de América, de un universo en el que todos son tan malos como hipnóticos. Ellroy también nos habló con lenguaje eléctrico de su obsesivo pasado y de sus infinitas llagas en la desgarrada autobiografía Mis rincones oscuros. Asocio inevitablemente esa confesión y también la de Jean Genet en Diario del ladrón cuando finalizo en dos tiradas, como sólo se leen los libros que te subyugan, la fascinante novela de Edward Bunker No hay bestia tan feroz. No hace falta ver el granítico careto del autor y saber que pasó la mitad de su existencia entre rejas por todo tipo de delitos para intuir que no está construyendo una ficción, que está hablando en primera persona a través de Max Dembo, ese profesional del atraco que al salir en libertad condicional de la cárcel sabe que no puede cambiarse a sí mismo, que a lo único que puede aspirar es a la acorralada supervivencia, que sus irrenunciables señas de identidad son la guerra contra el orden. Masticas su violencia, entiendes su soledad, compadeces su vértigo. Tampoco aquí hay nadie bueno. Todo huele a lacerante verdad. Todo da miedo. Lo único que no comprendes es que hayan tardado 36 años en publicar aquí esta novela escrita en carne viva.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Inmersión en los maestros del miedo

Colección 'Maestros del terror'
"Es evidente que nos precipitamos hacia cierto conocimiento apasionante, cierto secreto que nunca debemos comunicar y cuyo conocimiento acarrea destrucción". El aviso del narrador de Manuscrito hallado en una botella, el mítico relato de Edgar Allan Poe, tiene mucho de teoría particular sobre la literatura de miedo. Una teoría que también podría resumirse así: el conocimiento de algunos secretos destruye. Y también: igual que no querríamos seguir leyendo los cuentos que nos aterrorizan, no podemos dejar de hacerlo.
Ahora EL PAÍS pone al alcance de sus lectores una colección de 20 libros para adictos al escalofrío: Maestros del terror. El próximo domingo, gratis con el periódico, se distribuirá el primer volumen de la serie, una selección de los mejores relatos de H. P. Lovecraft, el pionero de la moderna literatura de horror. Con cuentos como El alquimista, Más allá del muro del sueño o La tumba, el escritor estadounidense se consagró como el renovador de un género que pasó del gótico y los fantasmas al espanto basado en criaturas y lugares fantásticos.
Los siguientes títulos podrán conseguirse por un euro junto al diario los lunes y miércoles. A Lovecraft le seguirá el otro gran padre del relato de terror: E. A. Poe, uno de los escritores más influyentes de la literatura moderna si tenemos en cuenta la propia influencia que ejercieron sus admiradores, de Baudelaire a Dostoievski pasando por R. L. Stevenson y Borges. Sin olvidar a Julio Cortázar, autor de las traducciones de relatos como Berenice, El corazón revelador, El tonel de amontillado o el citado Manuscrito hallado en una botella, incluidos en el volumen que se distribuirá con este diario.
Los relatos de Arthur Conan Doyle, Guy de Maupassant, E. T. A. Hoffmann o Bram Stoker, creador de Drácula, forman parte también de una colección en la que la literatura hispanoamericana tiene a sus más altos representantes en el género: los españoles Gustavo Adolfo Bécquer y Emilia Pardo Bazán y el uruguayo Horacio Quiroga. El romanticismo de raíz popular de las leyendas del primero y el realismo visionario de los relatos de la segunda se complementan con la retorcida imaginación de Quiroga, precursor del realismo mágico que triunfaría con los autores del boom. Relatos suyos como La gallina degollada o El almohadón de plumas demuestran que, mirados con detenimiento, son los objetos cotidianos los que más miedo producen.
Ésa es la gran lección de los clásicos modernos reunidos en Maestros del terror. El suyo es un miedo sin sustos, sin trucos, dirigido a la inteligencia.

'Le cortó los testículos, se los metió en la boca y le cosió los labios'

Crímenes durante la dictadura Argentina
Argentina revive el horror de los autos de fe durante la ‘guerra sucia’ de la dictadura militar (1976-1983). Un policía de ese régimen confesó el viernes a la Justicia cómo los verdugos caparon al subcomisario Ricardo Albareda –37 años, sospechoso de colaborar con la guerrilla- y luego engulleron una barbacoa frente a la víctima agonizante.
Foto: elargentino.comFoto: elargentino.com
En la sala de audiencias, a los jueces del Tribunal Oral Federal 1 de la ciudad de Córdoba (centro) se les descomponía el rostro aguantando el deseo de vomitar a medida que Ramón Calderón, ex guardia del campo de concentración "El Embudo", avanzaba con su relato sobre la ceremonia de eviscerar, propia de Tomás de Torquemada.
El 26 de septiembre de 1979, según contó, Calderón cumplía servicio en "El Embudo", que dependía del Departamento de Inteligencia de la policía cordobesa y funcionaba en un chalé. Vio llegar a sus jefes arrastrando a un hombre con uniforme policial, al cual ataron con alambres a una silla. Era Albareda.
La pandilla de secuestradores estaba encabezada por el inspector general Raúl Pedro Telleldin, 51 años. Y le seguían sus lugartenientes Calixto Luis Flores, Américo Pedro Romano, y Hugo Cayetano Britos, todos ellos oficiales del Departamento de Inteligencia (D2), la temible ‘gestapo’ de la policía en Córdoba.
"Ahora vas a ver lo que le pasa a los traidores", amenazó Telleldín antes de dar la orden a Britos que degradara al subcomisario arrancándole los galones y otros distintivos de la fuerza. Enseguida propinaron a Albareda una paliza de muerte y Telleldín extrajo una sevillana del bolsillo y se calzó guantes de látex en las manos.
'Ahora vas a ver lo que le pasa a los traidores'
"Usted Albareda está en la tierra por el peso de las bolas. Se las voy a cortar y se va a ir al cielo", avisó el inquisidor, a la vez que sus esbirros subían a tope el volumen de la radio para tapar los alaridos que iba a proferir el torturado. Entonces cortó la bragueta del pantalón y tomando los testículos, se los amputó.
Con la mano en alto, Telleldín agitaba el ‘botín’ ensangrentado y gritaba como un poseído a sus esbirros: "¡Esto mismo les va a pasar a ustedes cuando no cumplan las órdenes!". Luego introdujo los testículos en la boca de Albareda y, usando hilo y aguja, le cosió los labios. A la vez, Romano rociaba con whiskey la zona genital castrada.
Culminada la faena, los verdugos se deleitaron con un asado a las brasas, frente a lo que para entonces quedaba de Albareda, que demoró dos horas más en morir allí desangrado. Telleldín dio la orden a Calderón que limpiara el suelo con lejía, antes de cargar el cadáver del subcomisario en el maletero de un coche y hacerlo desaparecer hasta hoy.
Este crudo testimonio ha sido crucial en el juicio a Britos, Romano y Flores que lleva adelante el tribunal de Córdoba. Se supone que Telleldín murió en 1983 en un accidente de coche, aunque muchos sospechan que vive escondido en la Patagonia. Su hijo, Carlos, estuvo imputado en el ataque terrorista a la mutual judía AMIA, que causó 86 muertos en 1994.

sábado, 14 de noviembre de 2009

La novela policial

  1. Intoducción
  2. Orígenes del policial francés
  3. Desarrollo del policial francés
  4. Policial inglés
  5. Sherlock Holmes –Maigret , dos personajes , dos estilos
  6. Conclusión:
  7. Bibliografía
INTODUCCIÓN:
El presente trabajo, que corresponde a un requerimiento de la cátedra de Lengua y Literatura, consiste en la presentación de un informe referente a un tema relacionado a la literatura policial inglesa. La temática se debe a que en el primer y segundo trimestre, del corriente año, los alumnos de 9° año E.G.B leyeron, en dicha materia y, en el espacio "Salven a los Clásicos", una novela perteneciente a ese género,"Estudio en Escarlata" de Arthur Conan Doyle
Luego del análisis detenido de los temas, el tema seleccionado fue " El racionalismo del policial inglés frente al romanticismo de la novela policial francesa". Se optó por este tema debido a que, por una parte, otro de los libros leídos durante el año "El Matadero" de Esteban Echeverría pertenece al movimiento Romántico, por lo que se estableció rápidamente una relación entre ambos movimientos, ya que, la edición utilizada, incluye un paratexto interesante sobre el Romanticismo. Por otra parte, el racionalismo ha sido abordado a lo largo del año escolar en otras áreas curriculares tales como Historia y Plástica.
Para desarrollar el tema seleccionado, después de una primera lectura del material recopilado se organizó un recorrido, tratando de ir de lo más general a lo más particular. Para ello, en primer lugar se hará referencia al origen de la novela policial francesa. En segundo lugar, se abordará el legado que dejaron los autores de cada clase de novela policial para luego realizar una comparación entre los representantes más significativos, con sus respectivos personajes, de cada novela policial. Es decir que el plan textual queda diseñado del siguiente modo:
  • ¿La presencia de la novela policial inglesa en los orígenes de la novela policial francesa?
  • Desarrollo de la novela policial francesa, con sus escritores más trascendentales
  • La novela policial inglesa, sus escritores más importantes
  • ¿Sherlock Holmes y Maigret, dos personajes, dos estilos?
  • Conclusión.
A lo largo del proceso realizado en la construcción del presente informe, se consultaron diferentes fuentes bibliográficas para ello se recurrió a la biblioteca del Colegio San Bartolomé y a bibliotecas particulares, paralelamente, se buscó material en la Red
El racionalismo del policial inglés frente al romanticismo de la novela policial francesa
Para abordar el tema seleccionado, se considera oportuno comenzar por la descripción de ambas novelas policiales
LOS ORÍGENES DE LA NOVELA POLICIAL FRANCESA
La novela policial inglesa influyó notoriamente en la francesa, como se verá a lo largo del presente trabajo. Pero la novela policial francesa tiene un origen muy particular.
La novela policial francesa, comienza a partir de la aparición de Eugene Fraçois Vidocq, un delincuente, deserto presidiario evadido y enemigo público. Su enorme conocimiento acerca de la operatoria delictiva, sumado al atraso de la policía de la época en cuanto a métodos de investigación criminalista, hicieron que Vidocq pasara a ser el confidente de la policía: Dos años mas tarde, fundó la Sureté, hoy en día es el cuerpo de policía en Paris. Como su jefe, crea la primera agencia de detectives privados en Francia. En el desempeño de sus funciones, privilegiaba la acción más que la deducción, por tal motivo, se disfrazaba y se mezclaba con delincuentes para enterarse de diversos crímenes. Estas cualidades servirían, años mas tarde, de modelo para el personaje típico del género policial francés.

DESARROLLO DE LA NOVELA POLICIAL FRANCESA
Es con Emile Gaboriau (1832-1873) con quien comienza la novela policial francesa. Gaboriau comenzó escribiendo novelas folletinescas y se convirtió en un típico representante de éstas. Crea a su héroe Monsieur Lecoq un policía parisino.
Gaboriau influyó sobre Conan Doyle, éste a su vez influyó al escritor francés Maurice Leblanc, pero de una manera muy particular. Maurice Leblanc inventó a Arsenio Lupin para que fuera un héroe totalmente distinto a Sherlock Holmes. Tiempo más tarde Lupin sería uno de los representantes mas significativos de la novela policial francesa.
Lupin se construye como un mito, gracias a su inteligencia prodigiosa y a su actividad devoradora que lo llevaban a resolver los casos de una manera fenomenal. Cuando Leblanc escribió Los tres crímenes de Arsenio Lupin ya no quedaban dudas: Lupin, prisionero en la Santé, jefe de policía, vengador del honor nacional y amante desesperado, era verdaderamente un superhombre.
El mito de Lupin es durante un momento de la sensibilidad francesa, se tendría que agregar que se trata de un momento de decisiva importancia ya que bajo la influencia de Leblanc cambia toda una forma colectiva de soñar. Existía antes a Lupin el folletín, donde reinaba el melodrama, una imaginería del tiempo de las diligencias, mismo respondía a una larga tradición. Se produjo entonces una gran transformación, la acción se convirtió en investigación y fue dirigida por el razonamiento. También surge la imaginería también nueva, deslumbrante y grandiosa a la vez. Leblanc, rescata del olvido decorados por ejemplo: la guillotina, los cafés, Paris, entre otros.
Leblanc creo todas las situaciones claves de la novela policial más moderna: el narrador resulta ser el culpable, Lupin resuelve los problemas mas asombrosos obteniendo soluciones mejores que las que encuentra Dickson Carr, el autor utiliza con feliz virtuosismo los recursos más sutiles de la deducción.
Otro escritor determinante fue Gaston Leroux, quien era especialista en folletines y contaba las aventuras de su joven y audaz detective llamado Joseph Rouletabille. Leroux tal vez aportó más a la novela policial que Leblanc debido a que vulgarizó los métodos de Sherlock Holmes. La historia popular se convierte en el ejemplo típico de la narración fascinante, imprevisible y prodigiosa.
Leroux es por excelencia el realizador escénico de la revelación inesperada, increíble, imposible y necesaria. Después de él y gracias a él se iban a poder traducir los trabajos de autores anglosajones ya que el público ya estaba preparado para recibirlos favorablemente. Por tal motivo, a partir de 1927 las primeras grandes colecciones policiales obtuvieron un éxito impresionante. Los novelistas anglosajones de gran tirada, ya habían comenzado a ser traducidos y publicados en forma irregular. La novela policial se estaba imponiendo como un género nuevo. L`Empreinte, bajo la dirección de Alexandre Rallí, difundió en la misma época las mejores novelas policiales inglesas. El mérito de Rallí residió en haber seleccionado textos característicos, que sirvieron rápidamente de modelo a los autores franceses. Los escritores franceses no eran inferiores a sus rivales anglosajones. Si bien aceptaban la rígida disciplina de la novela-problema, buscaban, más o menos conscientemente, liberarse de las reglas formuladas por Van Dine.
En vísperas de la segunda guerra mundial, la novela policial francesa todavía buscaba su camino. Produjo obras notables pero siempre inspiradas de algún modo por los escritores anglosajones. Sólo Simenon se liberó de esa influencia y extrajo de sí mismo un universo novelesco de admirable originalidad y creó a Maigret.
LA NOVELA POLICIAL INGLESA
El publico inglés, se volvió aficionado a la novela policial después de la aparición de Conan Doyle. Gracias a él, la short story se convirtió en un producto de consumo masivo y la industria "policial" hizo su aparición. Pero la short story ya no resultaba suficiente, por eso apareció el libro policial, con longitud, división en capítulos.
El camino para que la novela policial pudiese ser dividida en capítulos, fue gracias a la creación de Watson efectuada por Conan Doyle. Watson, representaba maravillosamente al lector de buena voluntad que se esfuerza por comprender pero que siempre resulta engañado. El lector aprenderá rápidamente las astucias del escritor por lo que éste se verá obligado, entonces, a inventar crímenes cada vez más raros, y en circunstancias cada vez más extraordinarias. La novela policial se esforzará por realizar un mito: el crimen perfecto. La noción del crimen perfecto domina toda la literatura policial inglesa de la preguerra pero es contradictoria, tal como lo indica la palabra, nunca es descubierto y sólo el mismo criminal podría escribir la historia. Sin embrago trata de hacer que la novela conserve una fuerza vital: el crimen perfecto es más terrible, más atrayente por lo que provoca mayor curiosidad. Para los autores, el crimen perfecto significa solamente juego perfecto, siendo una combinación suprema de suerte y de habilidad.
La novela policial sólo tiene el valor de una cómoda notación y cuanto más simple es mejor. Sin embargo, resulta frecuentemente rebuscado, presuntuoso y arruinado por falsas elegancias. El autor ingles, forzado a realizar obras largas, describe personajes estrafalarios y decorados convencionales. Además cree que lo propio de un espíritu distinguido es de observar desde lejos y por encima, irónicamente, las reacciones de los protagonistas. Los detectives, siempre serán aristócratas o gente de buena educación que se inclinará sobre los enigmas sin comprometerse. La novela inglesa tendrá con frecuencia un tono extravagante, pero no un verdadero acento. A través de toda la novela inglesa hay un esfuerzo por valorizar el género.
El autor que llevó esta nueva técnica a la perfección fue Agatha Christie (1891-1976), quién comenzó a escribir a raíz de una apuesta con su hermana. Por tal motivo nació su primer libro, donde aparece un detective que luego sería famoso: Hercule Poirot. Cuando se cansó de él, inventó otros héroes que tuvieron éxito. Demostró poseer una imaginación muy original, además encontramos en ella una seguridad tal en el desarrollo de la intriga y una simplicidad tal en la construcción que son verdaderamente ejemplares. El lector, experimenta primero una sensación de aburrimiento – la provincia inglesa, con sus nieblas y sus policías molestos. Los personajes son caracteres, son sólo manías e ideas que superaban la astucia criminal. Además contribuyó considerablemente a la fijación de los lugares comunes de la novela-problema y que los personajes debían encontrarse en un lugar aislado. En sus relatos, y en la mayor parte dad las novelas policiales inglesas, habrá muchos sospechosos y uno de ellos siempre será considerado por el lector el único acusado posible. Finalmente, la novela terminará con la reconstrucción del crimen, cuyo resultado será el descubrimiento del asesino, quien será siempre aquel dad quien menos se sospechaba. El detective, por su parte lo sabía desde hacia tiempo pero quería obligar al asesino a desenmascararse solo.
Los anglosajones tienen un sentimiento de la justicia que se diferencia de América Latina y también de Francia. En Inglaterra la ley protege al acusado. La policía inglesa se ve obligada por eso a desplegar más sutileza, más inteligencia que la francesa; trata de acorrala al enemigo al pie de fijas. Por tal motivo, la investigación absorbe todo, personajes y situaciones. Únicamente se mantiene el detective.
La novela policial continuaría por el camino que le señaló Christie y varios escritores célebres concibieron la novela policial del mismo modo que ella. Dorothy Sayers, uno de ellos, estudio detenidamente la novela policial y llegó a la conclusión de que la novela problema era la forma definitiva, adulta y satisfactoria del género inventado por Poe. Otro de dicho escritores, G.K Chesterton, sostenía que lo principal era el problema y cuanto más absurdo es, más intenso será el placer. Además concebía el cuento policial como una especie de fábula.
Un autor que habría ocupado un lugar preponderante en la historia de la novela policial inglesa fue John Dickson Carr ya que fue el más dotado para lo fantástico, sin embargo, sacrificó enteramente el arte a la técnica y buscó incesantemente asombrar al lector, se esfuerza por inventar situaciones que puedan impresionar a la imaginación, en una palabra, incorpora lo sobrenatural a sus relatos.
El enigma del local cerrado, enriqueció la literatura policial, en la medida en que puso de manifiesto la relación que existe entre lo fantástico y lo racional. Pero esta relación se fue sintiendo en forma cada vez más fuerte y la novela policial fue entrando así rápidamente por la vía del suspenso.
Pero un autor muy importante, y que anticipa la novela policial moderna es Francis Iles, conocido mejor como Anthony Berkley. Sus novela rompen deliberadamente2 con la novela-problema y eligen al asesino como su héroe. Esto significa, en alguna medida, renunciar a la novela policial, eliminar la investigación. Para poder devolverle a la novela policial la vida que empezaba a perder, sería necesario abandonar el razonamiento.
Este problema lo soluciona Roy Vickers, de la siguiente manera: desde el principio se sabe quien es el asesino pero se reintegran cuidadosamente la investigación y el razonamiento en el relato. El detective sigue siendo el personaje principal, pero pierde su condición de superhéroe. Con Vickers, la historia policiales vuelve cotidiana, las motivaciones del culpable son simples y humanas.
¿SHERLOCK HOLMES Y MAIGRET, DOS PERSONAJES, DOS ESTILOS?
Por un lado se encuentra a Arthur Conan Doyle, perteneciente a la oleada racionalista, con su detective consultivo Sherlock Homes, por el otro Georges Simenon, escritor Romántico, con su comisario Maigret.
Sir Arthur Conan Doyle, nació el 22 de mayo de 1859 en Escocia y murió en 1930 en el Condado de Susex. Fue el escritor más importante de novelas policiales inglesas y dio origen al mejor detective de ficción, Sherlock Holmes. Estudió medicina, donde conoció al doctor Bell quien fue modelo para la creación de dicho personaje. Mientras que
Georges Simenon, nació en Bélgica en 1903 y murió en 1989. Ocupa un lugar de honor en la narrativa policíaca. Él intenta expresar una verdad humana, valida aquí y ahora, un drama del ser humano que pone en peligro la existencia. Rechaza lo imaginario aun cuando decide respetar la técnica de la novela policial. Siempre reemplazaba lo maravilloso y lo fantástico por lo humano. Sus novelas ofrecen intensos retratos psicológicos de personajes que se mueven en un mundo de soledad y hastío frente a la derrota.
Maigret era un comisario, su fuerte no era el razonamiento ni las deducciones. Trata de comprender. Es ante todo "analista" más que las huellas cuentan para él los gestos. Para Maigret resolver el enigma no significa descubrir el método del asesino sino, tratar de vivir la crisis psicológica que provocó el drama. En contraposición, está Sherlock Holmes, el detective más famosos del mundo, quien es un gran observador, sagaz y sospecha de todo. Es engreído y obsesivo por la perfección de sus deducciones. Trabaja para agencias privadas de detectives, es ciclotímico y no le teme al esfuerzo físico. Holmes se popularizó por su uso del pulcro método deductivo que lo caracteriza.
CONCLUSIÓN:
A partir del presente trabajo llegamos a conocer profundamente las diferencias y similitudes entre la novela policial inglesa y la novela policial francesa, por lo que, personalmente me interesé más en este género, aunque concuerdo con Ronald Knox "... la novela policial morirá el dia en que todos los temas y todas las permutaciones hayan sido empleadas y en que un autor, apenas trate de poner en funcionamiento alguno de sus recursos, escuche al lector exclamar fastidiado: ¡Ya lo conozco!
En cuanto a la ayuda recibida de la profesora, me sirvió mucho ya que me corrigió fuera del horario escolar los borradores. Muchas gracias Adriana
BIBLIOGRAFÍA
  • Enciclopedia Universal Sopena, Editorial Ramon Sopena S.A., 1995 Barcelona. Tomos: I-III-IX-X-XIII-X
  • Enciclopedia Encarta 2000
  • Estudio en Escarlata, Editorial Cántaro, Buenos Aires 2001
  • La novela policial
  • Paginas web utilizadas:
Monografías.com Trabajos de Pablo Cazau Licenciado en Psicología y Profesor de Enseñanza Media y Superior en Psicología. Ejerce la docencia en las Cátedras de Psicopatología, Problemas de Aprendizaje, Epistemología, Didáctica General y Diseños Experimentales.


Juan GF
juangf_jcr[arroba]hotmail.com

REPORTAJE: Locura de novela negra

Docenas de libros policiacos llegan cada mes a las librerías, con autores de todo el mundo que, además de intrigas, retratan su tiempo.

La novela negra nunca ha dejado de estar de moda, pero ahora es la locura. Salen una media de 30 novedades al mes y la mitad son títulos de nuevos autores. Hay para todos los gustos y las mejores son las que, además de una trama interesante, cuentan una sociedad y su tiempo. Por ejemplo, El huracán (RBA), del estadounidense James Lee Burke, del que ya habíamos leído Lluvias de neón o Los prisioneros del cielo, protagonizada, como ésta, por el policía Dave Robicheaux. Se desarrolla en Nueva Orleans, azotada por el huracán Katrina. El paisaje que nos describe Burke es dantesco; las imágenes, surrealistas. Saqueadores, delincuentes, francotiradores, pirómanos, gente que intenta escapar, gente que prefiere morir en la ciudad inundada y buena gente que intenta ayudar a los demás.
La lectura del británico John Connolly produce una sensación similar a un puñetazo en el estómago. Desde la primera, Todo lo que muere, hasta la que acaba de publicar, Los hombres de la Guadaña (Tusquets/Bromera), el escritor, que sitúa sus historias en Estados Unidos, se dedica a analizar las raíces y la necesidad de la violencia. En esta ocasión el detective y ex policía Charlie Parker aparece en segundo plano. Los protagonistas son sus amigos Louis y Angel, que son perseguidos por alguien que ignoran. Habrá que regresar al oscuro pasado de Louis y al de su mentor, el misterioso Gabriel, para poder responder a la amenaza. No se la pierdan.
Donna Leon, como siempre, dispara contra todo lo que se mueve. Su comisario Brunetti se enfrenta en La otra cara de la verdad (Seix Barral/Edicions 62) a la ecomafia, el negocio del transporte ilegal de residuos. Como en otras novelas suyas, da un giro radical a la historia y aborda un tema de honor, el de un rico empresario, su inteligente esposa que exhibe un imposible lifting facial y el mafioso de turno. También la Mafia está en el punto de mira de Camilleri. En Ardores de agosto (Salamadra/Edicions 62), se muestra en plena forma. Cuanto mayor y melancólico se siente su comisario Montalbano, más cañero está su creador. Seguimos en Italia y seguimos con la Mafia. Giancarlo de Cataldo. El escritor y juez del tribunal de casación de Roma relata en Italia Cosa Nostra (Roca) la época caótica que siguió a los asesinatos de los jueces Falcone y Borsellino, cuando se quebró el delicado equilibrio entre el Gobierno y la Mafia. Petros Márkaris nació en Estambul y, tras estudiar ciencias económicas en Viena y Stuttgart, se instaló en Atenas. Es el camino que hicieron muchos de sus compatriotas. Éste es el tema principal de Muerte en Estambul (Tusquets), las relaciones entre Estambul, a la que los griegos siguen llamando Constantinopla, y Atenas, entre Grecia y Turquía, y entre ambas y la Unión Europea.
Monique Lamont, fiscal de distrito de Massachusetts, ambiciosa y aficionada a acaparar portadas de diarios, es la protagonista de El frente (Ediciones B), de Patricia Cornwell. Para desesperación de sus colaboradores, que la consideran una política desalmada, opina que la gente quiere problemas criminales en los diarios. Por eso decide que se investigue el asesinato no resuelto de una joven inglesa ciega, que podría haber sido la primera víctima del Estrangulador de Boston. El camino difícil (RBA), del británico residente en Estados Unidos Lee Child, es otra de esas novelas que dan que pensar. La mujer y la hijastra de un ex militar, Edward Lane, han sido supuestamente secuestradas. Su anterior esposa fue secuestrada y asesinada. Lane posee una empresa militar privada. Trabajan para el Pentágono y a veces contra él. Envían mercenarios a Irak o a Burkina Faso. Fundamentalmente, explica el escritor, ese tipo de empresas sirve para que el Pentágono escape de la supervisión del Congreso. Años cincuenta y sesenta. El norteamericano James Ellroy lo explica muy bien en el prólogo del libro de relatos Noches en Hollywood (Ediciones B). Los recuerdos permanecen fijos: Los Ángeles, su ciudad natal en los cincuenta. Y la memoria: el lugar donde las evocaciones personales colisionan con la historia. Con humor, brutalidad y realismo. Walter Mosley, el creador del detective negro Easy Rawllins, también se mueve por Los Ángeles a finales de los sesenta en Rubia peligrosa (Roca).
Tras los éxitos de Mankell y Larsson, los títulos suecos se disparan. Hakan Nesser aporta La mujer del lunar (RBA), una mujer que planifica la muerte de cuatro hombres que se cruzaron en su vida y en la de su madre. El comisario Von Veeteren le sigue la pista de cerca. Dinero fácil (Suma de Letras) es el primer título de Trilogía Negra de Estocolmo, de Ted Lapidus, un retrato espeluznante de los bajos fondos de la capital sueca, donde apenas hay policía pero sí mucha gente de mal vivir. Hay novelas policiacas que te dejan buen cuerpo. Por el humor, por el argumento o por la originalidad. Alexander McCall Smith, nacido en Zimbabue, residente ahora en Escocia, es un viejo conocido. Por su serie La primera agencia de mujeres detectives de Botsuana y por su amor a África. La agencia cuenta con dos trabajadoras: Mma Ramotswe, la directora, y su ayudante, Mma Makutsi, un pelo marisabidilla y un pelo intolerante, pero Ramotswe lo soluciona todo con un humor contagioso. En Zapatitos azules y felicidad (Suma de Letras), resuelve los casos más divertidos, como el de la cocinera que temía perder su empleo.
Los crímenes de Ardeshir Villa (Siruela), de la escritora india Kalpana Swaminathan, recuerda a las novelas de Agatha Christie, pero en la India, con una gran fiesta y muchos personajes fascinantes. Todos o casi pueden ser culpables. Las protagonistas son Lalli, una antigua policía que se dedica a resolver los casos irresolubles, y su sobrina, que va para escritora. Trago amargo (Roca), del mexicano F. G. Hachenbeck, no es tan amarga como parece: cada capítulo se inicia con la receta de un cóctel y con la historia de éste. La realidad y la ficción se mezclan: John Huston y su troupe están en Puerto Vallarta para rodar La noche de la iguana. Allí están Ava Gardner, Sue Lyon, Richard Burton y Elizabeth Taylor. Como era de esperar, se produce un asesinato, y Sunny Pascal, mitad mexicano, mitad gringo, mitad alcohólico y mitad surfer es el encargado de mantener a raya a chantajistas, ladrones, asesinos... y actores.
¡El club de los pirómanos para incendiar casas de escritores (Duomo), del estadounidense Brock Clarke, no debe perdérsela nadie que tenga ganas de pasar un buen rato. Sam, un adolescente, se introduce en la casa de Emily Dickinson y provoca involuntariamente un incendio que arrasa con la casa museo y con una pareja de profesores románticos que retozaban en una de las habitaciones. Los jueces son benévolos con él y sólo pasa 10 años en la cárcel. Sale dispuesto a rehacer su vida, se casa y tiene dos niños. Todo va bien hasta que empiezan a arder las casas de Edith Wharton, Mark Twain o Nathaniel Hawthorne.

¿Cómo se escribe una novela negra? por Mariano Sánchez Soler

Aunque, como autor, he reflexionado poco sobre el acto creativo y sobre la técnica narrativa que utilizo al escribir mis novelas, me veo en la obligación, debido a las intensas pesquisas realizadas desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, de mostrar la flor de mi secreto: cómo se escribe una novela negra. Bien, la suerte está echada. Como dijo Jack el Destripador: «Vayamos por partes». 1. La búsqueda de la verdad. Si el objetivo de cualquier aventura, de cualquier creación artística, es la búsqueda de la verdad (y si no, que se lo pregunten a Alonso Quijano), la novela negra es la expresión más nítida de esta indagación literaria. Su objeto narrativo nace de la necesidad de desvelar un hecho oculto/misterioso que nos mantiene sobre ascuas. A través de sus páginas, el autor se propone, además, desentrañar el impulso escondido que mueve a los personajes y que justifica la existencia del relato desde el principio al fin.
2. La intriga: del quién al cómo. Una novela negra debe escribirse con esa voluntad de intriga, de revelación; cada capítulo, cada página, tiene que conducir al lector hasta la conclusión final sin concederle el más mínimo respiro. Sin embargo, a diferencia de la novela rompecabezas clásica (Christie, Conan Doyle...), que cimentó la gloria de la novela policíaca desde los inicios de la era industrial, en la novela negra escrita a partir de Hammett, con la corriente hard-boiled (duro y en ebullición), tanto o más importante que saber quién o quiénes cometieron un hecho criminal es descubrir cómo se llega hasta la conclusión. Ahí está Cosecha roja, del gran Dashiell, cualquiera de las novelas de Chandler o el Chester Himes de Un ciego con una pistola como ejemplos del cómo. También es importante el por qué, aunque su respuesta puede resultar secundaria en una sociedad como la nuestra, en la que, como todo el mundo sabe, es más rentable fundar un banco que atracarlo.
3. La acción esencial. Si en la definición clásica de Stendhal «una novela es un espejo a lo largo de un camino», la novela negra es una narración itinerante que describe ambientes y personajes variopintos mientras se persigue el fin, la investigación, la búsqueda. La acción manda sobre los monólogos interiores, y la prosa, cargada de verbos de movimiento, se hace imagen dinámica y emocionante. Es un camino urbano, ajeno a las miradas primarias y a las mentes bienpensantes, donde la creación de personajes y la descripción de ambientes resulta fundamental y exige al autor una planificación previa a la escritura. Aquí radica uno de los rasgos esenciales de la novela negra, que la convierte, de este modo, en novela urbana, social y realista por antonomasia.
4. El argumento. Veamos: aventura indagatoria, intriga, realismo, crítica social, espejo en movimiento... Sin embargo, como diría Oscar Wilde, para escribir una novela (negra) sólo se precisan dos condiciones: tener una historia (criminal) que contar y contarla bien. ¿Y qué debemos hacer para conseguirlo? Antes de empezar a escribir, es preciso tener un argumento desarrollado, una trama en ciernes, un esquema básico de la acción por la que vamos a transitar. Saber qué historia queremos contar: su tema central. Después, al correr de las páginas, los acontecimiento marcarán sus propios caminos, a veces imprevisibles, pero el autor siempre sabrá hacia dónde dirige su relato. Un buen mapa ayuda a no perderse.
5. Lo accesorio no existe. La voluntad de contar una historia y atrapar con ella al lector permite pocas florituras y ningún titubeo. Toda la narración ha de estar en función de la historia que pretendemos escribir. Si leemos 1280 almas, de Jim Thompson, por ejemplo, descubrimos que el novelista escribió una historia exacta, ajustada, sin ningún pasaje prescindible. No en vano, es una obra maestra de la narrativa moderna. Es cierto: una novela criminal puede contener todo tipo de elementos disgregadores de la trama, divagaciones caprichosas, puede cambiar de espejo a lo largo del camino; pero entonces no nos encontraremos ante una novela negra, aunque se mueva alrededor de la resolución de un crimen o se describa un proceso judicial. En la novela negra, como en la poesía, lo accesorio no existe. Un poema puede ser bellísimo, pero si quiere llamarse soneto tendrá que escribirse, como mínimo, en endecasílabos. Es una regla fundamental del juego. Lo mismo ocurre con la novela negra: hay que elaborarla en función de unas reglas (que aquí estoy disparando a quemarropa) aceptadas a priori por el autor. Y para que sea buena literatura, hay que escribirla bien.
6. La construcción de los personajes. Cuestión clave: antes de comenzar a escribir, conviene saberlo todo sobre ellos. Su pasado, su psicología, su visión del mundo y de la vida... Si conocemos a los personajes principales (y muy especialmente al narrador o conductor de la historia, si es uno), el relato discurrirá fácilmente, se deslizará a través de las páginas como el jabón sobre una superficie de mármol y el lector no podrá abandonar el libro hasta el párrafo final. Para ello se aconseja realizar una biografía resumida de los personajes principales, como si se tratara de una ficha policial o un currículum para obtener trabajos basura, dos instrumentos de la vida real muy útiles en la creación literaria.
7. La fuerza de los diálogos. Cuando hablan, los personajes deben utilizar la jerga precisa, sin abusar, con palabras claves, pero sin caer en un lenguaje incomprensible y cambiante. Vale la pena utilizar de manera comedida palabras profesionales. Por ejemplo, si habla un policía, cuando vigila a un sospechoso está marcándole; un confidente es un confite; cuando matan a alguien, le dan matarile... Cada diálogo cuenta una historia, y muchos personajes que desfilan por la novela negra se muestran a sí mismos a través de sus palabras. El diálogo es un vehículo para mostrar su psicología y sus fantasmas. Un ejemplo clásico: Marlowe, en El sueño eterno, se disculpa ante la secretaria de Brody, a la que ha golpeado:
-¿Le he hecho daño en la cabeza? -pregunta el detective.
-Usted y todos los hombres con los que me he tropezado -contesta la mujer.
8. Documentarse para ser verosímil. Para que el lector se crea el relato que se está contando, el autor debe documentarse con el objetivo de no caer en mimetismos fáciles (especialmente cinematográficos). Por ejemplo, en España los jueces no usan el mazo, como los anglosajones, sino una campanita; los detectives españoles no investigan casos de homicidio ni llevan pistola (salvo rarísimas excepciones). Hay que conocer las cuestiones de procedimiento, no para convertir la novela en un manual, sino para no caer en errores de bulto. La verosimilitud lo exige para que el lector se crea nuestra historia. Hay que saber de qué se está hablando. Por ejemplo, de qué marca y calibre es la pistola reglamentaria de la policía española, ¿una pistola es lo mismo que un revólver?, cómo se realiza en España un levantamiento de cadáver..., y tantas otras dudas que surgen a lo largo de la acción.
9. El mundo del crimen. Si la trama que mueve una novela negra ha de ser creíble, los métodos del crimen también. La conclusión de un hecho criminal ha de llegar por los caminos de la razón. En el siglo XXI, los enigmas rocambolescos, los venenos exóticos y las conspiraciones insólitas han sido reemplazados por la corrupción institucional, las mafias, los delitos económicos vestidos de ingeniería financiera o el crimen de Estado. Vivimos en una era post-industrial donde la novela negra es un testigo descarnado de las cloacas que mueven el mundo, más allá del agente moralizador de la burguesía que campaba en las páginas de las novelas-enigma tradicionales. Los tiempos han cambiado y no hay retorno posible. El realismo y la denuncia imponen su rostro literario. Los mejores personajes de la novela negra actual son malas personas, pero, como diría Orwell, algunas son más malas que otras.
Y 10. Advertencia final: nada de trucos. Poe, en "El doble crimen de la calle Morge", inauguró el género policíaco y el género negro posterior al crack de 1929, porque, al escribir esta historia, planteó al lector el juego de descubrir una verdad, en apariencia sobrenatural, con las armas de la razón, a través de una investigación detectivesca. Esa voluntad del novelista, esta complicidad con el lector, exige al escritor no hacer trampas en la construcción de sus historias criminales y plantea, al mismo tiempo, una relación privilegiada con el receptor de sus novelas. Divertir, entretener, emocionar, escribir para ser leído... ¿No es este el objetivo de la Literatura? Hay que jugar limpio con el lector. ¡Las manos quietas o disparo! Para freír un huevo, es preciso romper la cáscara. Siempre.
FIN

domingo, 8 de noviembre de 2009

Comunmente en la Noche


*Antonette De León 

Atanasio, esperaba como siempre la llegada de las nueve de la noche, para sentarse frente a la televisión, el volumen debía ser regulado, ya que los vecinos se quejaban con insistencia de las molestias para dormir. Sus dos hijos menores, debían acostarse para asistir a la escuela el día siguiente. Cada noche, cerraba las cortinas, la luz no debía salir a la calle, cualquier pícaro se podría dar cuenta o sentirse aludido de la presencia de la misma y buscarle problemas a él o su familia.
Vivía en una zona de dificultades económicas severas, por tanto, la necesidad de sobrevivir empujaba contra las buenas maneras del convivir social. Atanasio lo sabía bien, sus pocas pertenencias eran custodiadas con el celo del sentido común.
La noche no perfilaba para mas, la calle a oscuras, los carros que se apuraban al pasar por aquellas oscuranas, y el rechinar de llantas, con las músicas estruendosas que provocaban el ladrido angustioso de los perros vigilantes.
El barrio era tradicional, como lo es lo histórico, de aquellos amores melancólicos y hechos de connotación social. En aquellas mismas aceras, se habían encontrado cerca de una veintena de cadáveres en los últimos veinte años, se decía que era uno por año. La mayoría eran alcohólicos que se despachaban en  un sueño profundo y no se levantaban mas.peo aquel año, si bien los borrachines aumentaban, no desfallecían en las mismas calles, ahora por la zona se encontraban cadáveres de diversas maneras, todos con la misma señal, asesinados.
El crimen y los criminales, hacían de la complicidad del sector, su tarima de ofrecimientos sanguinarios, no era extraño, cada noche, el escuchar los disparos furtivos, los gritos inclementes y los llantos desolados. No era extraño, para Atanasio, el encerrarse en su casita, arropar a sus hijos y disfrazarse de valor entre las cuatro paredes, revisando en la pantalla de plata alguna imagen que le distrajese de su vida en medio del caos urbano.
Los disparos se sucedieron en tartamudeos groseros, se agolparon con la fuerza necesaria para acompañarse de quejidos agónicos, y gritos lastimeros, el rechinar de llantas, los pasos apurados y el silencio, ese que cerraba el capitulo de la noche.
La calle a oscuras no daba vida, nadie salía, la gente pestañeaba, como Atanasio, y cambiaba de canal, en su mente se acentuaba la razón de cambiar de vida, cambiar de barrio y vivir la vida.
En las madrugadas, las luces de las patrullas golpeaban las ventanas con sus rojos y azules chillantes, se media, se dibujaba y describía la escena, el común, nunca habían testigos, nadie escuchaba nada. Los cadáveres se levantaban, al mismo tiempo que los vecinos abandonaban sus casas, buscando el sustento diario, las televisiones ahora vomitaban las noticias y el conteo urbano de las vidas cegadas en un día común, para una noche común.